Riesgos reales y los vacíos de seguridad que debes conocer

La adopción masiva de plataformas de inteligencia artificial ha sido una de las transformaciones tecnológicas más aceleradas de los últimos años. Sin embargo, junto con este crecimiento surge una pregunta que preocupa cada vez más a usuarios y empresas: ¿qué tan seguras son realmente estas herramientas?

Detrás de cada conversación, archivo cargado o documento generado, existe información sensible que se almacena en la nube. Y aunque muchos usuarios asumen que estas plataformas cuentan con los mismos estándares de protección que servicios financieros o sanitarios, la realidad es muy distinta. Hoy, la mayoría no implementa medidas de seguridad del nivel que deberían tener, considerando el tipo y volumen de información que procesan.

Este vacío deja abiertas puertas para fugas de datos, accesos no autorizados y riesgos que aún no se están atendiendo con la seriedad necesaria.

Seguridad insuficiente: El talón de Aquiles de las plataformas de IA


A diferencia de otros servicios digitales consolidados, muchas herramientas de IA carecen de controles básicos que deberían ser obligatorios en cualquier entorno seguro.

Entre las principales carencias se encuentran:

  • Autenticación de dos factores no habilitada por defecto.

  • Registros de acceso limitados o inexistentes.

  • Falta de visibilidad para el usuario sobre quién y desde dónde accede a su cuenta.

  • Ausencia de alertas automáticas por inicios de sesión desde direcciones IP inesperadas o países distintos.

En otras palabras, alguien podría iniciar sesión desde otra ubicación, leer conversaciones o descargar documentos sin que el propietario reciba una sola advertencia.

Si para un usuario común esto ya representa un problema, para una empresa puede convertirse en un verdadero desastre: exposición de código, documentos legales, estrategias de negocio o información confidencial almacenada en conversaciones previas.


Un problema que va más allá de la contraseña

  • Las vulnerabilidades no se deben únicamente a malas prácticas de los usuarios. El verdadero problema se encuentra en la naturaleza centralizada de estas plataformas

    Como usuario, debes confiar completamente en el proveedor, sin posibilidad de:

    • Verificar si existe cifrado real de extremo a extremo.

    • Auditar cómo y dónde se almacenan tus datos.

    • Confirmar si la infraestructura cumple con estándares de seguridad robustos.


    La seguridad, entonces, se convierte en un acto de fe digital. Y cuando hablamos de herramientas que concentran millones de conversaciones que pueden incluir secretos comerciales, datos personales o información sensible, esa fe ciega es un riesgo en sí mismo.

    Algunos informes de firmas de ciberseguridad ya advertían desde 2024 la falta de transparencia respecto a la gestión de datos en ciertos modelos de lenguaje. Uno de ellos reveló que el 63% de las empresas que usan IA generativa no tienen protocolos internos para controlar la información que comparten con estas plataformas.



Los ciberdelicuentes apuntan a ChatGPT

Para los actores maliciosos, las cuentas de IA representan un nuevo y valioso punto de entrada.

Un acceso no autorizado puede permitirles obtener:

  • Información estratégica de negocios.

  • Análisis financieros.

  • Diseños o especificaciones de productos.

  • Fragmentos de código o propiedad intelectual.


Pero el riesgo no se limita al robo de datos. También se han documentado:

  • Manipulación de respuestas en entornos corporativos.

  • Suplantación de identidad en chats internos.

  • Recolección masiva de prompts para entrenar sistemas con fines ilícitos.


La situación recuerda a los primeros años del correo electrónico, cuando el phishing y las brechas de seguridad explotaron debido a la falta de controles de autenticación.

Recomendaciones para evitar el Phishing


Ante este panorama, los especialistas en ciberseguridad recomiendan adoptar modelos de inteligencia artificial soberanos, es decir, sistemas que la empresa puede ejecutar y controlar en su propia infraestructura.

Este enfoque permite:

  • Cifrado real de extremo a extremo.

  • Auditoría completa de logs y accesos.

  • Controles Zero Trust.

  • Garantía de que los datos nunca salen del entorno corporativo.


Aunque implica una inversión mayor, para organizaciones que manejan información confidencial la diferencia en seguridad y privacidad es crucial.

La tendencia apunta hacia:

  • Modelos autoalojados en servidores propios o nubes privadas.

  • Políticas internas de uso seguro (o “higiene de prompts”).

  • Revisión periódica de permisos y accesos.

  • Tratar a los sistemas de IA como activos críticos, no como simples herramientas de productividad.


Varias multinacionales ya han comenzado este proceso, conscientes de que el próximo gran incidente de ciberseguridad podría originarse en una cuenta de inteligencia artificial comprometida.


Conclusión: la seguridad de la IA apenas comienza a discutirse

Lo que inició como una herramienta para agilizar tareas administrativas, se ha convertido en una infraestructura crítica que concentra información empresarial y personal de alto valor.

El debate sobre su seguridad apenas está comenzando y, hasta que existan estándares más robustos, tanto usuarios como organizaciones deben reconocer que el riesgo es real y adoptar medidas para mitigarlo.



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